Educación Sexo

CONTROL DEL ORGASMO (II)

Retomamos el tema tratado ayer, debido a que es extenso y tampoco queremos agobiarte con un texto bíblico, y lo primero que queremos ayudarte a responder es ¿para qué sirve el control de orgasmos? Pues no sirve para absolutamente nada. O para todo. Depende lo que queramos y cómo lo enfoquemos. Curiosamente podrás leer en Internet comparativas fuera del BDSM en que una mujer que calienta a un hombre hasta la saciedad sin dejarle obtener el clímax se le llama «calientapollas»; sin embargo lo hace una Ama y se la venera. Porque claro, una cosa es BDSM y la otra es sexo. Quita. Deja de pensar. BDSM también es sexo. ¿Porqué no las llaman calientapollas entonces? Es muy sencillo. Al menos para nosotros y gente que nos lee. Es una práctica dominante, si hay que hacerla se hace, y eso nos permite estar preparados para que se juegue con el placer a límites insospechados. Pero, por lo visto, fuera del BDSM la misma práctica no está visto como un juego sexual de deseo. Peor para ellos.

Sigamos, no queremos ahora entrar en un debate sexual. Todo el mundo sabe, o debería y ahora te estás enterando leyendo estas líneas, que el placer que recibamos o sintamos en el acto o en una relación BDSM depende en gran parte del cerebro. Digo mayormente ya que depende también de la sensibilidad que haya en la piel y no depende exclusivamente del cerebro este apartado. La cultura, los gustos, las fantasías… todo está en el cerebro, en la mente. Por lo que si no se le da vía libre la diversión y el placer no es el mismo. Ahí entra el control del orgasmo. O una de las partes: dominar la excitación mental. 

¿Es necesaria? Sí. No. De ti depende. Un ejemplo muy claro es que los hombres cuanto más jóvenes son, mayor es la necesidad del orgasmo para asociar ese momento como placentero o considerar repetirlo. Sin embargo, como nos pasa a todos y todas, cuanta más experiencia atesoras comprendes que puedes tener sexo sin orgasmo y ser igual o mayor de placentero.

Bien, el control del orgasmo es «obligar» a los/as sumisos/as a llegar a ese punto. Que cualquier momento de sexo es único y que pueden disfrutar de ello sin tener orgasmo y, si les aferra un fuerte sentimiento de impotencia física por el cinturón de castidad, sin  penetración o erección. Es una práctica en la que la parte dominante puede ejercer un control físico y psíquico sobre la parte sumisa y que además puede proporcionar un efecto formativo, ya sea en la resistencia sexual que deriva de su placer en las relaciones sexuales o como entrenamiento del comportamiento. Curiosamente la parte sumisa percibe una excitación mayor con dicho control, esté en cinturón de castidad o no.

¿Cómo se hace? Eso lo explicaremos en la siguiente entrada, así que no te lo pierdas mañana.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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