Relatos

Mi Secreto

Era una de esas noches de verano en que el calor apretaba, estaba llegando al restaurante al que había quedado con Toni, un compañero de trabajo con el que tras meses de mensajeo habíamos decidido dar el paso y vernos en un ambiente diferente al de la oficina, ya no nos llegaba con los mensajes a escondidas de nuestros compañeros, o mirarnos por los pasillos durante el día imaginando como nos estaríamos besando en un ambiente más íntimo. Pero sucedió, no pudimos refrenar el impulso de besarnos en la sala de las fotocopias, sin preocuparnos siquiera de si nos miraban, mientras nos acariciamos todas las partes del cuerpo con fogosidad y con esa sensación de que estaba prohibido. No solo porque fuese un compañero de trabajo y más joven que yo, sino porque a diferencia de él yo tenía dos hijos en casa que estaban siendo cuidados por su padre, mi marido. Caminaba con nervios, al igual que excitación, hacia el restaurante que él había elegido para tener una cita formal, comprobar hasta qué punto estábamos de acuerdo con la situación y hasta qué punto queríamos llegar.  

La verdad es que todo sucedió debido al poco caso que me hacía mi marido, centrado en los niños y en masturbarse a solas en el baño viendo o haciendo a saber qué. No voy a mentir, la maternidad no nos sentó muy bien a ambos, yo por cansancio dejé de buscarle y cuando noté que le volvía a atraer a un hombre, me devolvió el deseo de ser poseída y usada al antojo de ese cuerpo joven, aunque fuese a espaldas de mi marido. Me inventé que teníamos una formación de empresa en Madrid, por lo que iba a ausentarme esa noche, obligándome a mí misma a no volver a casa esa noche, aunque no ocurriera nada con Toni.

No es necesario explicar mi profundo deseo por aquella situación, que en el fondo no deseaba ya que con quién quería estar era con mi marido y no con un hombre doce años menor que yo, considero que estaba en la plenitud de mi vida sexual, cargada de fantasías pendientes y muchas más ya realizadas. ¿Por qué me conquistó Toni entonces? Aparte del desdén que parecía sentir mi marido por mí, este nuevo hombre de mi vida me hablaba sin tapujos de cómo me veía cómo mujer y de la infinidad de situaciones morbosas con las que me quería complacer, además del buen plante y que, pese a hablarnos con un lenguaje poco formal a altas horas de la noche, siempre ha sido educado y respetuoso conmigo.

 Pues bien, con este contexto previo, mi vida estaba a punto de verse tambaleada por mi primer encuentro infiel en mi matrimonio, en mi vida en general. Esa noche no me iba a preocupar del cansancio que arrastraba, ni siquiera de los remordimientos sobre si lo que iba a hacer era correcto o no. Un impulso me llamaba hacia él, hacia su cuerpo, sus manos y esos labios tan perfectos. No quería darle mayor trascendencia de la que podía tener, mi objetivo solo era conocerle un poco más y disfrutar de su compañía como yo lo prefiriera. Esa noche era solo para mí, para hacer lo que yo quisiera y del modo que deseara. Aunque también he de ser sincera, cuando salí de casa no tenía nada más en mente que acostarme con él y que me demostrase hasta qué punto me deseaba, pero no se lo iba a poner fácil. Pero si se portaba bien, yo también tenía una sorpresa.

Es un jueves por la noche y me estaba acercando a la mesa del restaurante, al fin, dónde él me estaba esperando desde hacía más de quince minutos. Iba muy bien vestido, con traje, camisa y una corbata roja. Yo en cambio, opté por un vestido de noche rojo, con zapatos a juego, y bolso de mano negro.

  • Perdón por llegar tarde, no encontraba los zapatos.
  • Tranquila, estás estupenda -dijo antes de besarme apasionadamente y tocarme un poco el culo.
  • Para, nos están mirando. -dije avergonzada.
  • ¿No has venido a eso?
  • Aún no lo sé -dije intentando disimular que me hacía la difícil
  • ¿Tienes hambre?
  • Un poco, estoy nerviosa.
  • Calma, siéntate.

Nos sentamos a la mesa, en una de las zonas reservadas del restaurante del hotel y poco a poco nos empezaron a traer el pedido. He de admitir que en aquel momento mis nervios pudieron conmigo y la primera copa de vino blanco me la bebí de golpe. Aspecto a Toni le hizo reír. Recuerdo que comentó que había conseguido que nos aislasen mediante biombos porque les mintió diciendo que yo era una mujer de negocios extranjera y que venía en busca de privacidad.

  • ¿De verdad has hecho eso? No me lo puedo creer.
  • Tampoco quería que vieran sonrojarte por decirte que tengo ganas de acariciarte.
  • ¿Quieres acariciarme?
  • Quiero acariciarte, besarte, tocarte y hacerte gozar todo el tiempo que quieras.
  • ¿Todo el tiempo que quiera? Necesitarás tiempo, llevo tiempo a dos velas.
  • ¿Te confieso algo?
  • Sí, por favor.
  • Hasta que no me pidas que te penetre, no lo haré.
  • ¿No quieres penetrarme? ¿y los mensajes que decías que…?
  • No, es un juego que quiero hacer contigo hoy. Verás…

Poco a poco me fue contando que el motivo por el cual le atraje no era solo porque me considerase atractiva, sino porque creía que podía cumplir una de sus fantasías conmigo. Una fantasía simple a mi parecer pero que hasta ahora no se había atrevido pedirlo a ninguna mujer porque pensaba que ninguna lo aguantaría. Él quería darme placer con sus manos, con su lengua, sus dedos en mi cuerpo hasta hacerme llegar al clímax varias veces antes de que, debido a esa lujuria, le pida tener sexo de una forma salvaje o simplemente apasionada. No le encontré ninguna dificultad a ello, por lo que dejé escapar que seguramente hoy no nos íbamos del hotel hasta que probase aquello. Durante la conversación ambos estuvimos de acuerdo en que por ahora queríamos ver si lo único que nos atraía era el morbo de lo prohibido o si realmente disfrutaríamos con el sexo y poder llevarlo un poco más allá. No podíamos dejar de lado que yo estaba casada y tenía un marido al que hasta la fecha le había sido fiel. Le confesé rápidamente el apuro que sentía por pensar en tener entre mis piernas una polla diferente a la de su marido tras casi quince años de relación.

  • Puedo ponértelo más fácil.
  • ¿Ah, sí? ¿Cómo?
  • Pues la verdad es que…
  • Lo sabía, tienes novia.
  • No, no. Lo que tenía pensado era jugar antes del sexo.
  • ¿Jugar antes del sexo?
  • ¿Te acuerdas de aquel relato que hicimos?

Ah sí, aquel relato. Estuvimos días mensajeándonos con tanto nuestras fantasías y experiencias, además de las ganas que teníamos de vernos en el trabajo. Una noche fantaseamos con una situación similar a ésta, en la que tendríamos una cita en la que yo posteriormente me dejaría comerme el coño un mínimo de 20 minutos para gemir en alto y arañar las sábanas. Ese relato fue el motivo por el cual tuve sexo apasionado hace unas semanas con mi marido, no podía dejar de pensar en esa situación y necesitaba desahogarme, Pero hasta la cita de verdad, dos meses después, mi marido no volvió a tocarme ni mostrar interés en mis insinuaciones. De ahí que esa noche estuviera con Toni. Y tal y como sospeché cuando terminó de hablarme, sacó de su bolsillo una caja nuevecita con un huevo vibrador con su mando inalámbrico a distancia. Me miró con ojos lujuriosos, como si pidiera permiso para poder usarlo conmigo y pasar un rato algo más divertido antes de subir a la habitación. Estaba tan necesitada y estaba tan excitada con la tensión de estos meses que mi cuerpo no pudo hacer nada mejor que abrir las piernas. Desempaquetó el huevo, se acercó lentamente a mí, besándome lentamente desde mis pies hasta la zona alta de mis muslos, mientras me acariciaba al mismo tiempo con sus manos. Fue algo muy sensual y erótico, algo que hoy aún recuerdo para masturbarme. Metió su mano por debajo del vestido, encontrándose con mi coño algo húmedo y sin protección, no le había mencionado en ningún momento que acudiría al encuentro sin bragas. Aunque también he de admitir que no me esperaba tener que necesitarlas porque jugaríamos un poco antes de ir a la habitación. Sentí un dulce cosquilleo cuando el huevo acabo de entrar empujado por sus dedos y rozándome al salir. Otro hombre se habría secado los dedos con la servilleta o habría chupado los dedos con la boca para intentar que ese momento fuese más erótico. Él simplemente se reincorporó y volvió a su sitio, diciéndome que ya tenía algo de mí en él, y que por ahora iba a disfrutarlo. Acto seguido encendió el huevo.

  • ..
  • ¿Qué te pasa? -dijo mirándome mientras se mordía el labio.
  • Está un poco fuerte.
  • Para nada…
  • Ah…

Era verdad. Un solo clic del mando a distancia y la intensidad y frecuencia de las vibraciones aumentaron de forma considerable. Me costaba respirar sin gemir, no solo por la vibración sino por la situación en sí. Nunca había hecho algo sexual en público y me costaba mucho no concentrarme en lo que tenía entre mis piernas. Él siguió jugando conmigo, hablando de lo guapa que estaba y las ganas que tenía de ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar. Cuando vino el camarero con el postre me costó mucho articular una palabra sin que mi excitación me delatara. Yo no paré de mirarle con ojos lujuriosos pidiendo un poco de clemencia, a lo que él sólo respondía cambiando la velocidad o la intensidad de la vibración.

  • Sí que aguantas.
  • No voy a ponértelo tan fácil.
  • ¿Estás segura?
  • Hmm…Sí…no vas a…
  • ¿Lo subo un poco?
  • Uf… No me voy a correr aquí, tenlo claro.
  • ¿O prefieres esta intensidad?
  • Para… Soy más que un juguete… no quiero…
  • ¿Y qué quieres?
  • Quiero que pares…un rato…
  • Te cuesta respirar. Creo que te vas a correr aquí.
  • Antes… me dejo follar… en el baño… que correrme aquí sentada.
  • ¿Quieres follar en el baño?
  • No…
  • ¿Y qué quieres?
  • Ya lo sabes… sabes a qué hemos venido… Toni…
  • Pero quiero oírtelo decir.
  • Jamás…No te lo has ganado aún…
  • Es eso o correrte en la silla…

Me levanté, tiré de su corbata y le besé ahí mismo apasionadamente. Antes de soltarlo le mordí el labio, indicando que estaba lista para algo más y antes de que él mediase palabra empecé a andar en dirección a la salida. No me iba a correr en la silla como la mujer de su fantasía, por lo que subiría a la habitación con o sin él. Antes de que se cerrase la puerta del ascensor escuché cómo venía corriendo detrás de mí, quejándose de que no le había dejado siquiera pagar la cuenta, y yo contesté reprochándole que no tengo mucho tiempo antes de que me corriera y tenía que llegar a la habitación cuanto antes. Saliendo del ascensor tiré de su brazo hacia la habitación 205, en medio del pasillo, dónde quería sentirme mujer otra vez de una forma intensa y lasciva, en la que despreocuparme de lo que piense de mí y de mis gustos. Sólo pensaba en que me desnudase con su mirada y sus manos, poseerme y sentir su pene durante todo el tiempo que yo quiera. Pero antes de abrir la puerta tiró de mí y me empotró contra ella, tocándome el culo y besándome apasionadamente agarrándome un poco del pelo, momento que duro bastantes segundos antes de que empezásemos a hablar entre beso y beso.

  • Entremos… por favor…
  • Quiero oírtelo decir…
  • No te voy…a pedir permiso…
  • Hazlo
  • No voy… a correrme aquí…
  • Pues entonces no cruzaremos la puerta.
  • Déjame entrar… haré lo que quieras…
  • ¿Lo que quiera?
  • Sí… ¿qué quieres?…
  • oírte gemir en el pasillo…
  • Ah…
  • Más alto…
  • No…Toni…déjame entrar…
  • ¿Qué me das a cambio de no correrte en el pasillo?
  • ¿Qué quieres?…
  • ¿Qué quieres tú?

Mi elección fue fácil. Agarré su polla con fuerza, diciéndole que como no me dejase entrar me daría la vuelta y me buscaría uno de los botones. No dudó en abrir la puerta con fuerza, agarrarme en volandas y dejarme en la cama, dónde nos desnudamos con lujuria el uno al otro, vislumbrando nuestros cuerpos algo sudados por la excitación acumulada desde el restaurante. Volvió a preguntarme si quería correrme, a lo que respondí que poco iba a aguantar. Fue en ese momento en que dejó de vibrar y empecé a masturbarme, no quería mantener el orgasmo dentro de mi ni un minuto más, pero él no dejaba que me tocase.

  • No voy a dejar que te corras aún.
  • Por favor, Toni… o aguanto más…
  • ¿Quieres correrte?
  • Sí.
  • ¿G emir?
  • Sí, por favor…
  • ¿O quieres gritar de placer?
  • Cualquier cosa, pero déjame hacerlo ya -dije volviendo a apartar sus manos para intentar tocarme.
  • Si me dejas atarte las manos, te comeré el coño y te correrás par de veces.

A algunos os sorprenderá su petición, pero a otros os sorprenderá aún más que mi reacción fuese tumbarme en la cama para que me esposase las manos a los barrotes del cabezal. Era nuestro primer encuentro, no le conocía tanto en verdad, pero mi coño no aguantaba más y necesitaba salir con un orgasmo de esa habitación si no quería explotar volviendo a casa sola y frustrada. Así que Toni esposó mis manos con suavidad, mientras me besaba y acariciaba mi húmedo coño, diciendo que le gustaba tenerme así de vulnerable, dispuesta y excitada. Recuerdo haberle respondido que si no me lo comía bien me defraudaría. Hasta ese momento estuve toda la semana imaginando cómo sería el encuentro con Toni y en ningún momento pensé que acabaría esposada a la cama, no porque no me atraiga la idea sino porque la única vez que fui esposada fu al principio de salir con mi marido y a él nunca le gustó verme así. Y cuando escuché el segundo clic de las esposas, noté de nuevo ese cosquilleo en mi coño recordándome que seguía ahí dentro para darme placer, aunque esta vez en una de las potencias más bajas, en lo que él se acercó a mi coño y empezó a lamerlo lentamente, moviendo su lengua por todos los rincones una y otra vez. Su lengua se paseaba con esmero por mis labios, incluso hacia algunas incursiones dentro de mi vagina, y de tanto en tanto uno de sus dedos me visitaba para hacerlo más placentero. Mis gemidos iban en aumento, sabia que algo potente iba a venir ya que lo notaba en mis entrañas, las piernas empezaban a agarrotarse, los dedos se empezaban a curvar, igual que mi espalda, y la respiración se me entrecortaba. Y cuando pensaba que no podía estar mejor, su lengua empezó a lamer mi clítoris, con un poco de fuerza, quería soltarme para agarrarle y que su pene, que seguía muy firme, me penetrase con fuerza. Pero seguía esposada y él sólo estaba pendiente de mis gemidos, cada vez más altos, y de mi respiración, cada vez más entrecortada y empezó a hacerlo todo un poco más intenso. Subió el huevo de intensidad, su lengua se movía con fuerza y el dedo no dejaba de entrar y salir procurando frotar el punto g. Un minuto después mi cuerpo empezaba a temblar, a no poder gritar, mientras mis manos arañaban o apretaban con fuerza los barrotes y mis piernas se movían de un lado para otro.

Me acababa de correr en su cara, con su lengua en mi coño, pero lejos de seguir a otra cosa el siguió lamiéndome sin fin, durante otros minutos, no paró siquiera mientras me corría con mi primer orgasmo. Me miró con lujuria. Y yo a él. Pensaba que ahora me desataría u me dejaría disfrutar del pene tan duro que veía en sus calzoncillos, pero siguió lamiendo, esta vez usando su lengua en todas las partes deseables de mi coño y frotando mi clítoris con su nariz, moviendo la cabeza de un lado a otro, pero sin dejar de presionar mi clítoris. Estaba tan centrada en mi placer que no podía parar de gemir, y cuando quería decirle que quería más de él, el se movía con más intensidad.

  • Para…
  • ¿No quieres más?
  • Sí…
  • ¿Entonces?
  • Sabes que quiero…
  • Quiero oírtelo decir…
  • Ya lo sabes…
  • Si no me lo dices, no lo haré…
  • …me…
  • No te escucho -dijo comiéndome el coño de nuevo
  • Fóllame… fóllame ya…

Aún recuerdo ese momento. Verle incorporarse para bajarse los calzoncillos y ver, al fin, esa polla que tantas veces me había descrito y que tenía ganas de disfrutar. Y os parecerá ridículo, pero no fue hasta entonces que reparé en los músculos marcados de Toni, sobre todo sus abdominales, que le otorgaban un aire a poder, a hombre, que me hizo estar un poco más excitada de lo que estaba. Si es que eso era posible. Me incorporé como pude, abriendo la boca, para indicarle que quería catarle antes de dejarle entrar. Él no dudó y se acercó a mí, poniéndose de pie en la cama, mirándome con esos ojos tan intensos desde las alturas y puso su polla en mi boca. Era una polla grande, de unos 17 cm creo, a la que recorrí con mis labios y mi lengua de arriba abajo. No controlé el tiempo que estuve mamándosela, moviendo mi cabeza para que cupiera toda ella dentro de mi boca, pero si noté como crecía un poco más en mi interior, escuchando sus bufidos de placer. Me aparté de su polla para respirar, y mirarle desde ahí abajo, sintiéndome indefensa, a lo que él bajó para besarme, tirando un poco del pelo y diciéndome lo cachondo que estaba.

  • Empiezo a estar cansada…quiero que me folles ya…
  • Yo aún tengo para un poco más…
  • Lo que tú quieras, solo poséeme…
  • ¿Quieres que te use?
  • ¿Te acuerdas del relato?
  • Sí.
  • Ponte en cuatro.

Me liberó de la cama y me coloqué a cuatro patas, tal y cómo Toni me había indicado. Metió sus dedos en mi vagina para sacar el huevo, provocándome un par de gemidos durante el proceso ya que aprovechó para jugar dentro de mí un poco más. Noté como se colocaba detrás de mí, notaba su respiración en mi espalda, vibrante y fuerte, mientras me cogía de los muslos para acercarme más a él. Y ahí, de golpe, entró su duro miembro cabalgándome con fuerza. No pude evitar gritar de placer la primera vez que entró, pensé que iba a ser algo más suave, pero estaba tan cachonda que entró con facilidad y la notaba resbalar dentro de mí, con fuerza, haciendo que mi cuerpo temblase y perdiera fuerza. Fue ahí cuando él agarró mi cabello con fuerza y tiró hacia él y me mantuvo flotando, mis manos no llegaban al colchón y mi espalda estaba arqueada, mientras Toni aprovechaba de tanto en tanto para masturbarme unos segundos para escucharme gemir. No podíamos obviar mirarnos de tanto en tanto para ver cómo estábamos disfrutando y lo increíble que estaba siendo.

  • Toni…
  • Calla y córrete.

Y eso hice. Un ultimo orgasmo esa noche vino a mí, mientras Toni me montaba sin parar, tirándome del pelo, diciéndome lo sexy y atractiva que estaba, aprovechando ese lapso mientras me corría donde él aprovechó para darme unas cuantas suaves cachetadas que hacían rebotar nuestros cuerpos y aumentando el sonido de mis gemidos pese a que estaba exhausta y mi cuerpo no podía más.

Poco más recuerdo después de este instante, más allá de que Toni me elevó aún más, pegándonos cuerpo a cuerpo para que él se corriera mientras me follaba cabalgada tras cabalgada, dentro del preservativo, mientas él me mordía del cuello para hacerme sentir como una presa que había cazado esa noche.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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